Enfermar para sanar

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Muchas veces, cuando la vida nos da un «toque», recapacitamos y pensamos en ella como en una especie de milagro sometido a los avatares de un influjo incierto y vulnerable. Nuestra existencia es una balanza en constante equilibrio, caminar sobre el filo de un cuchillo sin cortarse o sobre una cuerda floja sin precipitarse al vacío. Llegamos aquí por el túnel del tic tac y con las manecillas de su cruel condición pisándonos los talones. Algunas estancias de la vida tienen las ventanas cerradas para que no nos piquen las risas y no enfermemos de alegría, a cambio nos ofrecen un gran sofá tapizado con dolor. Sin embargo, gracias al picotazo y a la fisura en lo cotidiano, algunas personas, cuando enferman, perciben en profundidad que los vínculos del amor, los verdaderos, son tambores que  resuenan con fuerza para recordarnos su importancia. Estos preciosos lazos pierden fuelle en el día a día, inmersos como estamos en tantas rutinas absurdas y trabajos egocéntricos…

La enfermedad no irrumpe en nuestra vida por casualidad ni nosotros somos víctimas de ella o de un «cruel» destino. Lo que padecemos en el cuerpo, de forma física, suele ser un reflejo (la gran mayoría de las veces) de las emociones que experimentamos a diario y que dejamos sin atender. Inquietudes, preocupaciones y angustias que no se llevan al alambique de la consciencia para acrisolarlas por sentimientos más maduros, brújulas más precisas. Los síntomas son mensajes que nos envía el alma para comunicarnos algo de crucial importancia en una determinada etapa del camino. A veces nos equivocamos de rumbo porque continuamos resistiéndonos a nuestro «propósito de vida».

Quizás la enfermedad aparece en nuestro camino para sanar, para quitar el polvo a las viejas costumbres, para indicar una nueva ruta… Los padecimientos que podemos afrontar con nuestras fuerzas vitales no son negativos, al contrario, suceden para regalarnos esa señal que nos ayudará a replantearnos nuestras vidas. Curar es poner un torniquete para cortar una hemorragia o un vendaje para enderezar unos huesos lastimados. Sanar es sumergirse en el propio cuerpo y descubrir por qué esa herida no deja de sangrar o por qué nuestros huesos son lábiles. Sanar es enjugar las lágrimas del alma. Más allá de la curación está el sanar, que es como dar la vuelta al cuerpo y sacudirlo de polvo e impurezas. Sanar es ponerse un traje nuevo para mirar cómo declina la tarde entre nubes mientras nosotros remojamos los pies en la esperanza de nuevos comienzos.

Cuando la vida nos gira, nos voltea como un reloj de arena agotado,  nos pone delante  un cronómetro con el tiempo otra vez desde cero. Un temporizador con una alarma del momento preciso para cortar amarras con este presente y sazonar otro, no muy especiado, sabroso y sobre todo, más nutritivo. La enfermedad es un mojón en el camino con indicaciones muy claras: «Coja usted otra dirección, por esta va derecho al desastre. Rumbo al mar, al cielo abierto, al sol, a las olas, al salitre, a la arena dorada bajo nuestros pies descalzos». Debajo de la posología, en letra pequeña —no menos importante—, hay una advertencia: «Intente desprenderse de todos los “parásitos” que le chupan la sangre. Es imprescindible que vuelva a circular clara y limpia, sin obstáculos o lampreas incrustadas en su ánimo.. Y no olvide arrancar (sin piedad) las malas hierbas que marchitan las flores del jardín de su alma».

La enfermedad es una dura escalada con cuerdas, casco, arnés y mosquetón. A veces muy encumbrada, pero al final está la cima desde la que contemplaremos una vista hermosa, con un sol que caliente la incertidumbre de nuestra mirada y alivie el temblor de nuestro talante. Con un mar que nos recuerde la necesidad de ir soltando lastre de nuestras abultadas mochilas, así caminaremos mucho más livianos por la orilla de la vida en un océano de salud.

Las actitudes ante la enfermedad y la curación son muy heterogéneas. Hay algunas flores de Bach que nos pueden prestar una inestimable ayuda durante los procesos: Agrimony (Agrimonia), Cerato (Ceratostigma), Gorse (Aulaga), Impatiens (Impaciencia), Elm (Olmo), Olive (Olivo), Rock Water (Agua de roca) y White Chestnut (Castaño Blanco).

 Agrimony está muy indicada para aquellas personas que tienden a negar el sufrimiento y la enfermedad bajo una máscara de aparente alegría. No lo aceptan, retrasando con esta actitud su curación. Esta flor nos ayuda a bucear hasta el fondo de cualquier causa o síntoma.

Cerato es muy recomendable en aquellos casos de personas muy inseguras que consultan a mucho médicos y especialistas. Personas incapaces de tomar sus decisiones porque no tienen ni un ápice de fe en su propio juicio o en sus capacidades. Cerato nos ayuda a discernir con claridad sobre la base de nuestra ‘sabia’ intuición, a tener más seguridad y a prescindir de la omnipresente opinión de los demás.

Gorse representa la desesperación sin ninguna vía de salida. La persona en estado negativo de ‘Gorse’ está resignada y sin esperanza de curarse. Esta flor es como los rayos de sol cuando el cuerpo ha permanecido mucho tiempo húmedo y destemplado. Restablece la esperanza en la vida.

Impatiens, como bien dice su nombre, ayuda con una virtud muy a menudo olvidada en la «enfermedad moderna»: la paciencia. La persona toma muchos fármacos porque desea curarse rápido. Frioleros y agitados, padecen crisis de cólera debido a sus prisas y urgencias. Tomar esta esencia nos confronta con lo irracional que es anticipar algo que desconocemos. Nos ayuda a detenernos y a darle a la enfermedad el tiempo que requiere para su adecuada curación, con calma y perspectivas más realistas. Impatiens está muy indicada para todas las personas que padecen fibromialgias y cefaleas tensionales. En general, para el dolor/tensión de tipo muscular.

Elm trabaja con el peso de las responsabilidades y el sentido de la inadecuación. Es muy recomendable cuando subyace un sutil sentimiento de culpa tras la enfermedad, para la fatiga y depresión asociadas a cualquier proceso. La persona ve la curación como una gran escalada que jamás podrá acometer. Esta esencia está muy indicada para el dolor de cualquier etiología.

Olive es muy recomendable durante y después de un largo proceso de enfermedad, para las convalecencias. Ayuda en el agotamiento psicofísico y permite una rápida recuperación energética. No olvidemos que el olivo es un árbol milenario y que todavía se conservan ocho olivos de la época de Cristo. Cuando el cuerpo y la mente están exhaustos, la esencia nos ayuda a recuperar la energía y vitalidad. Olive se usa sobre todo en aquellas enfermedades crónicas, debilitantes y que cursan con deterioro. En inflamaciones musculares.

Rock Water es agua de roca, pura y cristalina. Nos ayuda a dejar fluir aquellas actitudes rígidas que, como densos muros, tapian todos los resquicios por los que podría calar la luz de la curación. Esta esencia está muy indicada en la mayoría de los dolores que cursan con rigidez.

White Chestnut se indica cuando hay asociados procesos obsesivos. La mente se convierte en una lavadora que no para de centrifugar la misma idea una y otra vez, sin descanso. Es una esencia muy recomendable cuando hay problemas para conciliar el sueño, tan necesario en los procesos de curación de cualquier enfermedad.

Autor de este artículo: Mar Cano. Psicóloga de “Tu Espacio para Sanar”, Logopeda y Escritora.
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4 pensamientos en “Enfermar para sanar

    • Hola, querida Isabel:

      Sí, el tema de la enfermedad es muy complejo. Cuando uno acepta que es una unidad indivisible, íntegra, es cuando se comienza a entender que el cuerpo no es una simple máquina que va ‘por su cuenta’ y riesgo.
      Muchas gracias por inaugurar este ‘Espacio para sanar’. Ya sabes que el primer comentario en un blog primerizo es difícil de olvidar 😉

      TEPS te envía un fuerte abrazo.

  1. Mar,completamente de acuerdo,la enfermedad del cuerpo va unida al alma,los dos se corresponden,comparten,viven,enferman y se curan unidos…Muy interesantes tus conocimientos sobre Las flores de Bach,como remedio alternativo.
    Mi abrazo y feliz fin de semana,amiga.
    M.Jesús

    • Querida amiga y compañera:

      Muchísimas gracias por tus profundas y generosas aportaciones a este Espacio, tu Espacio. Sí, amiga, a mí misma me ha costado muchísimo tiempo entenderlo y unos cuantos padecimientos (algunos muy dolorosos). Como dice uno de mis maestros, el doctor Bach, solo cuando el cuerpo sigue los dictados del alma está preparado para su curación. En realidad, la enfermedad es un camino.

      Feliz fin de semana. Un fuerte abrazo sanador 😉

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