El Blanco Otoño, la Dulce Nostalgia de la Madreselva y la alegría de la Mostaza

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“Otoño” Autor: halina lazutina.

Con vida nueva interior

puedo sentir la amplitud del propio ser,

y con pensamientos llenos de fuerza,

desde el poderío solar de mi alma

dar solución a los enigmas de la vida,

y satisfacer uno y otro deseo

de alas caídas, por la mera esperanza.

“Calendario del Alma” (13-19 octubre). Rudolf Steiner.

Cuando decimos, escuchamos o leemos la palabra «otoño», de manera inmediata aparecen en nuestra mente imágenes de paisajes lluviosos y alfombrados con una amplia gama de tonos ocres, naranjas y rojizos. El cambio climático nos está obligando a adaptarnos a temperaturas, en algunas zonas del mundo, más secas y cálidas y a un retraso considerable de la melancólica caída de las hojas. Y así los otoños se nos antojan como una prolongación de un verano más suave: seguimos disfrutando del exterior y degustando frutos y hortalizas de estaciones más templadas. Cuesta replegarse, descansar de la ya pasada frenética actividad estival «hacia fuera», cuando las temperaturas invitan a otra cosa. Incluso nos resulta más difícil conciliar el sueño sin el entrañable y leve repiqueteo del agua en los cristales o sobre nuestros tejados.

Sin embargo y pese a las transformaciones que sufre el clima, la Naturaleza sigue su curso y, nos guste o no, el otoño despliega sus fuerzas hacia el punto cardinal y hemisferio que proceda. No es una continuación de un estío más leve o dúctil (como quizás desearían algunos). Antesala y equinoccio del invierno, el otoño es un periodo de tránsito para vivir con el corazón y el alma más que con la rígida y cuadriculada mente. Y aunque no llueva o lo haga con menos profusión y no caigan las hojas, siempre hay signos que observar en la Naturaleza: las tonalidades rojizas, aún tímidas, que adquieren árboles y plantas. El descenso progresivo de la Luz. El sol se aleja y llegará a su punto álgido, de mayor oscuridad, hacia el solsticio hiemal (invierno), para aumentar de nuevo a días más luminosos (de forma muy paulatina) hasta el siguiente solsticio de verano.

Según la filosofía de la Medicina Tradicional China (MTCH), el Otoño es la estación del descenso y la pausa, de la cosecha, la concentración y la purificación interior. Su elemento es el metal, relacionado con la búsqueda espiritual. De todos los elementos: tierra, agua, fuego y aire, el metal es el peor entendido por nuestra cultura occidental. El metal es una densificación, la cristalización de la tierra. Los otros elementos existen por sí mismos; sin embargo, el metal necesita que la mano del hombre lo trabaje y lo pula para llegar a la expresión más fina de su esencia. Según los principios de la MTCH el metal está vinculado y rige órganos como pulmón e intestino grueso (colon), cruciales en mantener nuestro «castillo amurallado» (o sistema inmunológico) en el punto óptimo de defensa ante cualquier invasor indeseable.

El color asociado a esta época del año es el blanco. El blanco es la luz que se difunde, no hay absorción de ningún color, por eso todos se reflejan para formarlo. Es la suma de todos y de ninguno. Expresa inocencia, paz, infancia, divinidad, pureza, estabilidad y armonía…

Del cuento: “El río sigue fluyendo” del libro: "LUCES DE AMOR: CUENTOS PARA LEER A TU HIJO E INFUNDIRLE CALMA, CO NFIANZA Y CREATIVIDAD" VV.AA. Ed. Oniro.

«Te gusta estar aquí y quisieras quedarte en este lugar para siempre, pero el río sigue fluyendo…» (*)

Las emociones vinculadas al otoño son la nostalgia y la tristeza. Es normal sentirnos algo más deprimidos en esta época del año. Las fuerzas que desplegamos en verano parecen menguar y el pensamiento que detuvimos ante el fuego del estío se nos presenta más pausado y reflexivo, con tendencia a interiorizar y replegarse hacia dentro (concentrarse) para «espirar» sus frutos. Muchas tradiciones espirituales se han apoyado siempre en la «espiración», el «soplo». Vivir el otoño es redescubrir el «inspirar» y el «espirar» tan fundamentales en la existencia. La naturaleza comienza su declive (expirar) y se hacen las reservas de las cosechas. Nos preparamos para vivir el duro invierno, conservamos lo necesario considerando el estío agotado.

A nivel anímico debemos desarrollar un proceso similar: observar cómo fueron los últimos meses, separar lo puro e impuro ( parecido al proceso que realizan en silencio nuestros pulmones e intestinos). Nos desharemos de lo denso, lo que carga y pesa, y conservaremos solo lo que alimenta, nutre y enriquece. Se trata de captar lo bueno, lo más positivo, inspirar lo puro, y de expulsar lo que no conviene a tu cuerpo, corazón y alma.

Pese a la sabiduría oriental y todos los consejos, el otoño es una estación de tránsito difícil, tanto por el declinar del ritmo como por las emociones asociadas. Es recomendable, aprovechando que los días son más cortos de luz, acostarse más temprano. Merece la pena madrugar y pasar cada día un rato cerca de la naturaleza, inspirando y espirando lentamente, notando como el aire puro oxigena nuestros pulmones. Cenar ligero a base de cremas de calabaza y zanahoria, sopas, purés de avena y cereales integrales que ayudan al colon a hacer digestiones más suaves alejándolo del estreñimiento. Utiliza más el ajo y el jengibre para condimentar. El ajo tiene efecto antibiótico y limpiador. El jengibre es un potente estimulante diario para obtener más calor corporal y aclarar los pulmones. La fruta del otoño es la uva: limpia, armoniza el cuerpo y actúa como tónico para los pulmones y el intestino grueso.

Las flores de Bach también constituyen un aporte altamente beneficioso para vivir cada estación en profundidad, con los sentimientos moderados, que no nos desborden, y respetando la euritmia elemental de la Naturaleza.

Las flores otoñales por excelencia son Mustard (mostaza) y Honeysuckle (madreselva).  Ambas trabajan en la emoción encapsulada de la tristeza. Mustard en las crisis inesperadas de pena sin motivo y en la depresión episódica e imprevisible. Y Honeysuckle en la tristeza causada por nostalgia del pasado, cuando se idealizan otros tiempos y cuesta aceptar los nuevos. Si nos fijamos, uno de los tonos del otoño es precisamente el mostaza o el rojo de las bayas de la madreselva. Añadiremos dos gotas de cada esencia en el zumo de la mañana o en el té de la tarde. Se recomienda no tomarlas por la noche.

Campo de flores de mostaza salvaje en EEUU.

Campo de flores de mostaza salvaje en EEUU.

Además de estas dos esencias, podemos añadir al preparado: Gentian (genciana) para el pesimismo y equilibrar la fijación por los aspectos negativos de la realidad, Walnut (nogal) protege de las influencias negativas y ayuda a adaptarse a los cambios propios de cada estación, Agrimony (agrimonia) y Scleranthus (sclerantus)  para la fatiga y los cambios bruscos de temperatura y Crab Apple porque tiene un efecto antibiótico, depurador y regulador de los intestinos.

«La manera de vivir el otoño en las mejores condiciones consiste únicamente en respetar la cadencia de la Naturaleza.»

 TEPS os desea un armonioso y sanador otoño.

Autor de este artículo: Mar Cano. Psicóloga de “Tu Espacio para Sanar”, Logopeda y Escritora. 
Imágenes:  las dos últimas son gentileza de “Google Imágenes”, desconocemos sus autores.

(*)Segunda imagen: Frase extraída del cuento: “El río sigue fluyendo”, en el libro: “LUCES DE AMOR: CUENTOS PARA LEER A TU HIJO E INFUNDIRLE CALMA, CONFIANZA Y CREATIVIDAD” VV.AA. Ed. Oniro.
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