Una introducción al mundo de los sueños

Al soñar nos sumergimos en mundos desconocidos... Imagen © JuanC/John_Render, 2014

Al soñar nos sumergimos en mundos desconocidos… Imagen © JuanC/John_Render, 2014

Pasamos aproximadamente un tercio de nuestras vidas durmiendo. Sin embargo, el mundo onírico es para la mayoría de las personas como una zona de su vida que permanece apartada. Se escucha decir a menudo la expresión: «lo habré soñado», cuando alguien trata de fijar un recuerdo pero no lo consigue. Es decir, que los sueños, apenas nos despertamos, se olvidan o su recuerdo permanece borroso y resulta velado con el paso de las horas.

Es indudable que el sueño tiene un papel importantísimo en el ámbito fisiológico, nos permite regenerar nuestras fuerzas en gran medida para comenzar una nueva jornada. El funcionamiento de la memoria parece estar muy relacionado con un intenso descanso nocturno. La propia salud, en general, depende de que los ritmos diurnos y nocturnos se desarrollen de forma adecuada.

Sin embargo, aquí queremos hablar de los sueños, de esas vivencias tenues que desaparecen al alba, tras despertarnos. Si le parece interesante este tema, estamos seguros de que lo que vamos a recomendar a continuación le resultará muy útil.

La primera condición para poder recordar nuestros sueños es el propósito de hacerlo: son otra clase de impresiones que también dejan su huella en nuestra memoria. Si no somos capaces de recordarlos al despertar, será necesario realizar unos cuantos ejercicios preliminares. Es sencillo.

Tras despertarnos, trataremos de recordar lo que hemos soñado. Quizás no le venga nada a la memoria de forma inmediata, pero si realiza este esfuerzo durante varios días consecutivos, finalmente obtendrá los frutos deseados.

Lo siguiente que necesitamos es tratar de profundizar en estos recuerdos al máximo. Sin embargo, si aún no tiene la suficiente capacidad de evocar los sucesos diurnos de forma pormenorizada, será muy difícil que pueda lograrlo, con detalle suficiente, con lo que ha soñado. Como una ayuda opcional, le remitimos al artículo sobre «la memoria» publicado en este mismo espacio: http://blog.tuespacioparasanar.com/?p=840

Además, puede probar el siguiente ejercicio: todas las noches, cuando ya esté acostado y antes de dormirse, trate de recordar un momento cualquiera del día. Tiene que evocar la mayor cantidad de detalles posible. Si persevera lo suficiente, verá que el esfuerzo necesario no es tan grande como parecía, ya que tras cierta práctica, se pueden traer a la memoria hasta las cosas aparentemente más insignificantes. Por ejemplo, si hemos ido andando hasta casa a la vuelta del trabajo; al realizar este ejercicio, podremos «visualizar» a todas las personas con las que nos cruzamos en ese momento, cómo iban vestidas, los coches que vimos en nuestro camino, etc. Con la práctica, si conseguimos realizar este ejercicio con soltura, estaremos un paso más cerca de poder recordar nuestros sueños.

Pues bien, para aquellos que ya son capaces de evocar lo que han soñado, les recomendamos que nada más despertar, si están interesados en indagar en sus sueños, un excelente ejercicio consiste en anotar en un diario lo que recuerde de ellos.

Llegados a este punto, vamos a hacer un pequeño inciso, ya que las percepciones durante el sueño son eminentemente visuales (en la mayoría de las personas, claro está). Sin embargo, para trabajar sobre este material, son igualmente importantes las emociones, lo que sentimos ante una determinada escena o suceso. Es absolutamente vital registrar esta información, junto con los recuerdos visuales o auditivos, ya que suele ser la clave para interpretar nuestros sueños de forma adecuada.

En Psicología existe una rama que se ha ocupado tradicionalmente del análisis del significado de los sueños: la Psicología Dinámica, más conocida como Psicoanálisis. La interpretación de los sueños es, de hecho, una herramienta de trabajo fundamental para sus terapeutas. Hay corrientes más cercanas a Freud, fundador de esta disciplina, que adjudican a los sueños una significación muy cercana a lo biológico, relacionándolos con la sexualidad y los llamados «traumas»; quizás por este motivo muchos psiquiatras se sientan atraídos por las premisas de esta Escuela, dada su proximidad hacia lo orgánico o fisiológico. Sin embargo, existen otras corrientes que buscan en los sueños un significado espiritual, perteneciente al dominio de lo «suprahumano». Nos referimos a nuestro querido Carl Jung y sus seguidores. Fue Jung el que acuñó el término «arquetipo» para referirse a los símbolos oníricos de carácter espiritual.

En TEPS, siempre imbuidos de nuestro ya habitual sentido práctico, y basados en nuestra propia experiencia, defendemos que en la mayoría de las ocasiones, aquello que soñamos está relacionado de forma directa con nosotros mismos. Creemos que hasta tal punto es así, que aunque en el sueño aparezcan personas distintas, la gran mayoría de las veces son aspectos de nuestra personalidad, diferentes «semblantes» que se «encarnan», por así decirlo, en personas conocidas, desempeñando un claro papel en nuestro sueño. Para descubrir este aspecto, es muy importante tener en cuenta lo que hemos apuntado con anterioridad: las emociones vividas al soñar, lo que sentimos nos dará una pista de a qué parte de nuestra «personalidad» se refiere una determinada persona que ha aparecido en uno de nuestros sueños.

Además, es posible que nuestro propio cuerpo, que desarrolla una vida propia, se nos presente en forma de un animal o de un niño pequeño. El autor del presente artículo soñó algo relacionado con un problema de salud que aún no había llegado a manifestarse de forma diurna, con sus síntomas correspondientes. Sin embargo, sí lo hizo a través de sus sueños, mostrándose de la siguiente forma: a nuestro pequeño perro, Mike, lo «atropellaba» un coche. Sobrevivía al delicado trance, pero quedaba malherido. Uno llega a pensar, incluso, que este tipo de sueños puede ser premonitorio, con la angustia que ello genera. Sin embargo, lo que se reveló al cabo de dos semanas fue una enfermedad metabólica que no había sido diagnosticada. En ese momento, el autor comprendió de forma profunda el significado de esta vivencia onírica.

Otro tipo de sueños, bastante frecuente, están relacionados con las habitaciones de una casa. Te encuentras recorriendo multitud de estancias, buscando una salida a la calle, y algunas de las habitaciones por las que pasas nos resultan especialmente llamativas. Por ejemplo, entramos en una habitación que está atestada de muebles desordenados y rotos, llena de polvo, oscura… Sentimos el deseo de que entre la luz, corremos las cortinas y abrimos las ventanas: queremos ver qué es lo que guarda esta habitación. En este caso, es fácil interpretar que hay una parte de nuestras vidas que está desatendida e ignorada por nuestra consciencia, que pide a gritos ser expuesta a la luz, pasando a formar parte de la realidad cotidiana; saber a cuál se refiere el sueño, es el quid de la cuestión.

Como se puede deducir por lo que vamos diciendo, los sueños son, ante todo, una forma de comunicarnos con nosotros mismos. Ya que no todo lo que se relaciona con nuestra vida está expuesto a la consciencia. Hay partes de nuestra psique que, por usar un término comprensible, fluyen a «otra profundidad» y en los sueños nos encontramos con ellas.

¿Por qué no comprendemos de una manera más directa cómo se relacionan todas estas «capas» durante la vida diurna? Al parecer no es posible, al menos no lo es para la mayoría de los mortales. Por eso existen estas proyecciones oníricas sobre personas y cosas. Si sólo apareciéramos multiplicados por diez o por cien en nuestros sueños, con la única imagen de nuestro cuerpo, al estilo del agente Smith en la película «Matrix Reloaded», en lugar de aparecer «encarnado» en personas diferentes, la proyección de las distintas áreas o partes de nuestra psique no podría darse, ya que, sencillamente, sería muy difícil desarrollar una historia coherente, inteligible para nuestro entendimiento. Por eso son necesarios, vamos a llamarlos así, esta especie de «actores» o «avatares». Sin olvidarnos de apuntar que, por otro lado, cada vez que una persona aparece en nuestros sueños, no tiene por qué referirse siempre a un mismo aspecto de nosotros. Como hemos dicho, la clave nos la va a proporcionar lo que sintamos acerca de esa persona mientras soñamos.

Además de los sueños referidos a nosotros mismos, existen, sin duda, aquellos de contenido espiritual, que son bastante distintos (o más llamativos para la conciencia) como para poder, al menos, resultar especiales. Por ejemplo, podemos citar casos en los que aparecen animales o seres muy bonitos, de colores y formas inusuales, que reclaman nuestra atención para que nos fijemos en ellos de una manera que no es posible hacer con la consciencia diurna. Al hacerlo, enfocamos tanto la percepción, que los detalles al contemplar estos seres se multiplican, creando una visión difícil de olvidar. Al recordar el sueño por la mañana, quizás no recuperemos ningún sentimiento especial, salvo el de admiración por la belleza de tales entidades; señal clara de que era algo externo a nosotros, que ha logrado introducirse en el sueño.

Pero por desgracia, en este mundo dual, también existe lo contrario: la contemplación de seres tan terroríficos que uno se acaba despertando de un salto, con el corazón latiendo con fuerza y el ánimo en un puño. Sería sencillo despachar este tipo de sueños diciendo que son proyecciones de angustias que nos atenazan, pero el hecho de que estos seres se presenten de manera recurrente, con la misma forma de anunciarse y de proceder, parece querer hablarnos de otras cosas…

Un tipo de sueños de carácter espiritual que merecen ser mencionados, son los que se relacionan con la muerte y el paso del tiempo. Es un tema que durante la vida diurna solemos obviar, apartándolo de nuestro lado, también en gran medida porque nuestra sociedad sigue viéndolo como un gran tabú. Pero eso no significa que «todo» en nosotros haga ese acto de evitación. Por ello, es a través de los sueños donde nos enfrentarnos y volcamos estas experiencias, bien de forma simbólica, o con la mayor crudeza.

En este presente, nos hemos vuelto materialistas de una forma casi supersticiosa y hacemos como si todo lo relacionado con la muerte no existiera. Sin embargo, una buena forma de no dejar de lado estos aspectos tan cruciales y presentes en lo cotidiano, es incorporarlos desarrollando el lado espiritual de nuestras vidas, ya sea mediante la religión o las enseñanzas de alguna escuela espiritual o filosófica. Está claro que hay algo en el ser humano que rechaza el sentido que el materialismo le da a la muerte, y es normal que ante tales perspectivas nuestra respuesta sea la angustia y, por lo tanto, la evitación.

Nos despedimos de esta pequeña introducción. En un próximo artículo hablaremos de otro tipo de sueños y del entrenamiento para poder «practicarlos»: los sueños lúcidos, un tema que está muy de moda en la actualidad.

Autor de este artículo: JuanC.
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