Sanando las Perdidas en la Infancia: El Poder De Los Cuentos

Los niños también sufren desconcierto, dolor y confusión con la pérdida de un ser querido. Es complicado para los adultos que están a su lado afrontarlo para saber qué hacer o qué medidas tomar ante una situación de duelo. La mayoría de las veces, optan por la vía menos recomendable: el silencio y ocultar emociones y sentimientos.

Según la edad del pequeño, variará el abordaje de esta compleja y difícil tarea. Lo importante reside en que el niño, en general, aprenda a percibir la muerte como un proceso natural, que, salvando excepciones, ocurre a todos los seres vivos cuando han cumplido su ciclo de vida.

Permitir que el pequeño se exprese y nos transmita sus emociones, que hable de los recuerdos más bonitos con la persona que ha perdido. Asimismo, es crucial que nos mantengamos muy pendientes de ellos en todos los aspectos y, que les permitamos también estar cerca de nosotros, concediéndoles todo el tiempo que necesiten para escucharlos mientras les manifestamos nuestro cariño, les abrazamos o, incluso, lloramos con ellos.

Alrededor de los dos años, el niño se da cuenta de que alguien querido ya no está y sufre por ello, pero aún no comprende -en todas sus dimensiones- el «significado» de la muerte, la partida o la pérdida. En sentido cognitivo no existe el concepto de «muerte», sólo el sentimiento de separación, de que alguien ya no está con él.

Un poco más adelante, entre los cuatro y los seis años, su concepto y alcance de la muerte sigue siendo muy limitado. Algunos pequeños, inspirados en sus fantasías, pueden llegar a pensar que alguien que muere sólo se ha ido por un tiempo, pero va a volver otra vez. Por esta razón, es fundamental pararse con ellos y, con paciencia y amor, explicarles las veces que sean necesarias por qué ha ocurrido lo que ha ocurrido y qué significa la muerte. En estos casos resulta muy útil hablarles -hacerles referencia- de aquellos momentos de la vida cotidiana donde la muerte está presente, como en la naturaleza o con los animales de compañía… Asimismo es crucial que evitemos expresiones del tipo «se ha ido» sin explicarles su significado, ya que podemos inducir en ellos la idea o el pensamiento mágico de que su ser querido va a volver.

No obstante, y pese a todos nuestros cuidados, muchos niños pueden sufrir regresiones (retrocesos) en conductas que ya habían integrado, como las pesadillas nocturnas por miedo a la separación y/o volver a «mojar» la cama (enuresis)

Aproximadamente hasta los cinco años recomendamos contar Cuentos y Fábulas para que tengan referentes que les ayuden a comparar con la situación que deben integrar. Los cuentos cumplen una función muy importante dentro de la evolución del pequeño, liberando la angustia y ansiedad a través de mecanismos proyectivos (de identificación) con los personajes.

Aquí os dejo con Los Colores Del Arcoíris. Espero que os sirva para ayudar a vuestros pequeños en un brete tan complejo y doloroso como el del Duelo.

Los Colores Del Arcoíris

No hay gota en los mares, ni fruto en los árboles, ni planta en la tierra que no tenga en cada semilla un ángel que cuide de ella (Libros Sagrados).

 

En realidad el mundo es así, pero el flamante “Arco” no encuentra nuestro “Iris” verdadero, el del corazón…

 

─ ¡Oooh…mami! ¿Qué es eso?─ le preguntó con afán Mirta a su madre mientras señalaba el resplandeciente arcoíris que acababa de descubrir. Seguía lloviendo fino, calmoso. Detrás del plomizo armazón de agua condensada, algunos rayos de sol rasgaban los densos vapores del edificio áureo, formando el deslumbrante arco de colores que tenía a la niña tan intrigada.

─Eso es El Arcoíris, cariño. Es por donde entran y salen los ángeles cuando Dios abre las cortinas del cielo. Lo vemos siempre que llueve mucho. Los ángeles jardineros, los que cuidan las plantas, árboles y flores de la tierra, cuando quieren regarlas, cierran todos los visillos blancos y les echan agua desde regaderas enormes e invisibles. Son tan grandes que tapan al sol, por eso el cielo se pone gris mientras caen las gotas. Así que cuando veas llover, Mirta, recuerda que es el agua de los ángeles, dando de beber a todas las plantitas del mundo.

Mirta miraba a su madre con los ojos muy abiertos. De una de sus comisuras se escapaba un hilillo de baba que servía de tobogán para algunas miguitas de su sándwich.

─ ¿Y luego?─Mirta entregó el pequeño bocadillo a su madre y palmoteó impaciente─ ¿Y luego… qué pasa, mami…q-u-é  p-a-s-a-a-a?

─Cuando los ángeles acaban de regar…llaman a Dios para que les diga si lo han hecho bien. Algunos, los más traviesillos, vacían hasta el final sus regaderas sin que Dios se de cuenta…Entonces éste, descorre alguna de las cortinas más grises y llama al Sol para que ilumine y nos deje ver El Arcoíris. ¿Ves?─le dijo señalando al cada vez menos nítido y huidizo arcoíris.─ El Arcoíris es como una puerta para entrar y salir del cielo…

─ ¡Oooh, sí mami, una puerta de colores!

─Cada uno de los colores nos lleva a una habitación gigantesca del cielo. En la Roja están los ángeles de la guarda que asisten a los enfermos sin abandonarlos nunca. En la Verde, los que cuidan los bosques, las selvas, los campos y los parques. En la Amarilla duermen los angelitos que velan por los niños, noche y día. Desde la habitación Naranja, algunos ángeles vigilan a todos los animalitos de la tierra, hasta los más diminutos, como las hormigas─ Mirta sonrió entusiasmada, su madre era como un hada, siempre adivinaba sus preguntas…─En el cuarto de color Añil viven los ángeles que custodian a los ancianos, como tu abuelo Tomás. En la Violeta, los que protegen a las personas Grandes, como las mamás y los… ─se detuvo unos instantes y se acarició la barbilla. Sus ojos auguraban un brillo húmedo de lágrimas silenciosas.─ Y en la estancia Azul, la más bonita de todas, está…─notó como una presión crecía en su garganta y las lágrimas brotaron, expectantes y en cascada, como de un cautiverio. Asió a su hija contra su pecho al tiempo que depositaba tantos besos como lágrimas en sus regordetas y aterciopeladas mejillas.

─ ¿Quién, mami? ¿Quién está en la habitación azul?

─ En la habitación Azul del Arcoíris está tu papá, tesoro.

Autor de esta entrada: ©Mar Cano Montil. Psicóloga, Experta en Mindfulness y Escritora de «Psicología Integrativa: Tu Espacio para Sanar». 

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